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Siete recomendaciones sobre cómo abordar un proceso de cambio sobre transformación digital

Extracto de Jorge Planes, Senior Manager PwC, incluido en la reciente publicación “La transformación digital en las ONG” del Instituto de Innovación Social de ESADE.

La transformación digital se ha desarrollado por fases. Primero, estos cambios afectaron principalmente al modelo operativo. Esto desarrolló el comercio digital o e-commerce. Seguidamente, los cambios transformaron el modelo operativo y de negocio, lo que facilitó la creación de nuevas compañías. La tercera oleada se centró en la creación de identidades digitales en las compañías, lo que dio paso a la aparición de nuevos modelos de negocio en este ámbito.

Durante estos períodos, la innovación tecnológica ha sido fundamental para el éxito, aunque también ha sido un quebradero de cabeza para algunas corporaciones. En una encuesta realizada anualmente a CEO por PwC, el 71 % de los directores ejecutivos se manifestaban preocupados por la velocidad de la evolución tecnológica y cómo conseguir rentabilizar las inversiones en tecnología.
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¡Ser emprendedor social con la ayuda de la financiación colectiva!

Tal como Clay Shirky ha expresado elocuentemente, “las herramientas de comunicación no resultan interesantes socialmente hasta que no se han vuelto aburridas tecnológicamente. Es cuando una tecnología se hace habitual, omnipresente y, finalmente, lo suficientemente generalizada como para resultar invisible, que suceden los cambios realmente profundos”. De hecho, la tecnología ha transformado casi todos los aspectos de nuestras vidas, puesto que cada vez se ha vuelto más trivial o se da más por sentado. Sin embargo, existe un sector que resultó ser un usuario muy tardío: ¡el sector social!

Si bien las empresas han estado mucho más dispuestas a adoptar los milagros de la tecnología, las asociaciones sin finalidad de lucro han sido algo más lentas. Sus modelos de negocio han sido de tecnología poco avanzada y a menudo han operado en entornos en los que las infraestructuras locales prohíben los grandes pasos tecnológicos. Además, los fondos de los donantes se han centrado, principalmente, en apoyar programas específicos, no en aumentar la capacidad tecnológica o en adoptar formas de aportar valor innovadoras y arriesgadas. Igual que en el sector comercial, la innovación rompedora tiende a proceder de actores nuevos o periféricos, y así, como era previsible, la innovación, en el reino del sector no lucrativo, llegó de aquellos que no tenían nada que ver con este: ¡los geeks!

Junto con los modelos de negocios empresariales, los geeks descubrieron la alegría de compartir bienes abiertamente para el bien común. El movimiento de “código abierto” surgió de este noble objetivo, cuyos ejemplos principales, sourceforge.net y www.wikipedia.org, revolucionaron la forma de crear y distribuir la tecnología del software y el conocimiento, respectivamente. A medida que los costes de internet y del desarrollo y el acceso a la red desde el móvil siguieron bajando, estas tecnologías se volvieron más cotidianas y, por lo tanto, más accesibles para una cantidad mucho mayor de personas no expertas. Los modelos de negocio con finalidad de lucro impulsaron la primera oleada de entrepreneurship en la red; ahora, finalmente, el potencial de estas plataformas llega al campo de los servicios sociales y ofrece unas posibilidades totalmente nuevas.

Son muchos los que han opinado sobre el papel “democratizador” de internet, que implica que cualquier tarea se puede dividir en partes más pequeñas y asignarse a un mayor número de personas de una forma rentable, alterando las dinámicas de poder. Por ejemplo, tal vez no tengo suficiente dinero para financiar una iniciativa social, pero, si puedo aportar una centésima parte de ella, y otras 99 personas hacen lo mismo, ¡tenemos el problema resuelto! Así que la financiación de proyectos sin finalidad de lucro finalmente también ha sido “democratizada”. La página web www.kickstarter.com ha propuesto formas completamente nuevas de financiar proyectos. Por ejemplo, hace poco recibí un correo electrónico de un amigo, en el que me instaba a dar apoyo a Linus, un emprendedor local de Nigeria, que trabaja para fortalecer la producción de miel sostenible, con el objetivo de proteger las selvas tropicales locales. Y yo le ofrecí mi apoyo con una pequeña cantidad, juntamente con otras muchas personas. El resultado fue que, de los 1.500 $ que se requerían, Linus finalmente consiguió aumentar la cifra a 4.000 $ para su proyecto, ¡procedentes de personas de todo el mundo que quizá no habían estado nunca en Nigeria, pero que creyeron que su proyecto merecía la pena!

Financiación colectiva” (crowdfunding) es el término para definir este proceso de financiación por parte de la colectividad. Otro ejemplo interesante es la página web www.loudsauce.com, que ofrece a la gente la posibilidad de “financiar campañas que importan”. La idea es que las historias con poca repercusión o que no es probable que encuentren un gran patrocinador todavía valen la pena y pueden lograr apoyo. En mi Grecia nativa, un grupo de jóvenes desalentados por el empeoramiento de las condiciones económicas y el sentimiento de derrota colectiva decidieron actuar, y utilizaron esta web para conseguir fondos, con éxito, para llevar a cabo una campaña de promoción del turismo griego en Nueva York. A pesar de que estos proyectos tienen que ser pequeños, capacitan a personas normales y corrientes para descubrir e implementar pequeños cambios que contrarresten los problemas contra los que parece que nadie va a mover un dedo.

Y con la financiación no termina el cuento. ¡La “colectividad” puede juntar su ingenio y su poder colectivo para ofrecer algo que se puede transmitir a través de internet! Algunos ejemplos de ello son el microvoluntariado (www.sparked.com), las oportunidades de trabajo flexible para profesionales pobres (www.samasource.org), la lluvia de ideas y la creación de prototipos para ideas sociales (www.openideo.com) y muchas iniciativas más. Prácticamente todo el mundo puede crear modelos parecidos o utilizar plataformas ya existentes para contribuir con sus esfuerzos o con apoyo económico. No es de extrañar, pues, que la red de emprendedores sociales Ashoka haya cambiado su lema a “everyone a changemaker” (algo así como “cada persona, un agente del cambio”). Las herramientas y el potencial están ahí, ¡solamente es necesario que todo el mundo contribuya!

Por Myrto Chliova, investigadora del Instituto de Innovación Social