El poder de las masas: cómo resistirse a la dominación política

Cuando los protestatarios se convirtieron en un movimiento social que viene a mejorar las vidas de los desempleados

Pese a su éxito inicial en la movilización de personas, los movimientos sociales con frecuencia no logran mantener el pulso y la indignación acaba derivando en resignación. ¿Cómo podemos transitar de la exuberancia de la protesta al sordo y ordinario trabajo cotidiano necesario para lograr un cambio sostenible? Ignasi Martí , director del Instituto de Innovación Social de ESADE, y sus colegas de la IAE Business School en Argentina ofrecen una respuesta a esta pregunta en un artículo publicado en la revista Organization Studies.

“Nuestra investigación analiza una historia de resistencia”, explica el profesor Martí. “Nos desplazamos hasta un distrito pobre del Gran Buenos Aires para estudiar la Cooperativa La Juanita, una cooperativa de éxito que nació a raíz de un piquete de personas que se hallaban en situación de desempleo de larga duración.”

La cooperativa fue fundada oficialmente en 2001, pero sus orígenes se remontan a 1995, cuando un grupo de vecinos se concentraron en la plaza mayor de La Matanza para protestar por los gastos del combustible y por la factura de la electricidad. No podían pagar las facturas porque estaban en el paro como consecuencia de una serie de duras políticas neoliberales que había implementado el Gobierno argentino.

Un piquete que transformó el barrio

Su historia de resistencia empezó en el ámbito local, con los vecinos trabajando juntos para hallar soluciones a un problema muy específico: cómo pagar las facturas del combustible y de la electricidad. A diferencia de la mayoría de los movimientos sociales, esta historia demuestra que los activistas y las comunidades locales no solo pueden mantener el pulso, sino también transformar un barrio y mejorar las vidas de las personas desempleadas.

“Los vecinos unieron sus fuerzas con otras personas que sufrían las consecuencias del desempleo, y sus acciones de protesta y el alcance que lograron se convirtieron en un fenómeno nacional y posteriormente global”, señala el profesor Martí. “Finalmente, el movimiento se transfirió al barrio para desarrollar lo que denominamos política mundana y del día a día.”

La política mundana y del día a día consiste en prácticas e intervenciones locales concretas, incardinadas dentro de un territorio. En el caso de La Juanita, este territorio era el barrio.

Una historia de resistencia política

Las personas congregadas en la plaza de La Matanza organizaron el Movimiento de los Trabajadores Desocupados (MTD) y optaron por realizar cortes de tráfico como modo básico de protesta. Para hacer frente a las crecientes protestas, el Gobierno argentino intentó mitigar el conflicto ofreciendo subsidios a los promotores de los piquetes a través de los gobiernos locales.

El movimiento rechazó estos planes y los beneficios que el Gobierno le ofrecía –veían estos paquetes como un modo de perpetuar su situación de desempleo y dependencia del asistencialismo y el clientelismo del Estado. “¿Por qué debería darme algo el Gobierno si tengo dos manos, una cabeza y un cuerpo para trabajar? Tiene que darnos trabajo, no 150 pesos”, decía Marta, miembro del MTD.

“El rechazo de estos beneficios representaba una ruptura consciente con respecto a otras organizaciones de piqueteros. Vino acompañado de un repliegue hacia el barrio, en que los activistas sociales empezaron a participar en acciones de resistencia frente a las presiones existentes que pretendían silenciarlos y dominarlos”, explica el profesor Martí.

En septiembre de 2001, el grupo transformó un edificio abandonado en su propia escuela y creó una cooperativa con la intención de contribuir a la autosostenibilidad de la misma a través de tres iniciativas de producción: una panadería, un taller textil y un taller de serigrafía.

Prácticas e intervenciones locales

Pese a las fuertes presiones políticas, los habitantes de La Juanita mantuvieron sus acciones a lo largo del tiempo. “En su resistencia, observamos cómo construían un modelo alternativo, centrado en el barrio, en que la cercanía y la proximidad se convirtieron en las claves de una política transformadora a largo plazo”, explica el profesor Martí.

 El estudio contribuye a explicar cómo –bajo unas condiciones de fragilidad y de adversidad– se construyen formas distintas y más sostenibles de solidaridad. “Basándonos en nuestro trabajo de campo en Buenos Aires, sugerimos que existen otros mecanismos y prácticas locales para promover el cambio.”

Entre las intervenciones y prácticas locales en la base de la movilización y del cambio social sostenido de La Juanita, el estudio destaca cuatro importantes tipos de actividades:

  1. Los esfuerzos por retejer los vínculos sociales que se rompieron durante la crisis, cuando la gente se sentía desamparada y percibía que tendría que enfrentarse sola a sus propios problemas.
  2. El desarrollo de nuevas formas de coordinación y solidaridad en el trabajo entre los trabajadores y miembros de la cooperativa, y con sus vecinos más necesitados. Algunas formas son de naturaleza más horizontal y democrática que las existentes previamente y se orientan a acabar con el individualismo dominante.
  3. El intento de construir una nueva identidad colectiva, fundamentada en la resistencia a aceptar unas relaciones de dependencia (y clientelismo) con el Gobierno y los sindicatos, reivindicando su dignidad como trabajadores.
  4. La normalización del territorio, buscando transformar un barrio más bien abandonado, marginalizado y estigmatizado en un barrio en que “las cosas sean normales”, con una educación formal y acceso a los servicios bancarios básicos.

“Nuestras conclusiones del estudio de La Juanita muestran que la materialidad de los lugares adoptados, las redes presenciales e incluso los símbolos físicos ayudan a explicar el tipo de colaboración sostenida que observamos en esta cooperativa. Estas conclusiones ilustran de nuevo la importancia del rol de los recursos materiales como condición para reunir a los miembros del movimiento y suscitar una comunicación y una cooperación duraderas”, concluye el profesor Martí.

Artículo de Ignasi Martí , Director del Instituto de Innovación Social de ESADE

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