No hay cambio sin conocimiento. Una mirada desde las ONG

Si la misión de muchas ONG de cooperación al desarrollo es trabajar por el cambio social y por la consecución de la justicia y los derechos para todas las personas del mundo, resulta fundamental entender el mundo en el que vivimos, las relaciones que se fraguan, los repartos del poder económico y político, los cambios que se avecinan o las posibilidades de actuación que tenemos. Porque, ¿cómo vamos a transformar el mundo si no entendemos lo que ocurre en él? ¿Cómo podemos propiciar cambios sin tener un diagnóstico de las diferentes situaciones? ¿Cómo vamos a tener influencia sin opinión, discurso, posicionamiento? ¿Cómo cambiar políticas que consideramos lesivas o propiciar que se pongan en marcha otras sin una adecuada capacidad de propuesta y de alternativa?

Por ello, me parece imprescindible fomentar desde las ONG la generación de conocimiento, el análisis, la reflexión y el discurso, las propuestas y alternativas. Sobre las causas que generan la pobreza, la desigualdad y la exclusión de millones de personas en el mundo, sobre las grandes crisis humanitarias, sobre los retos que nos plantea el presente y el futuro. Esta reflexión debe combinar el análisis de causas con la propuesta de soluciones, el rigor y la seriedad con la cercanía, la narrativa más convencional con las historias de vida y con las opiniones y propuestas de las personas afectadas. Hay que narrar, de manera pedagógica el mundo en el que vivimos, pero además, incluir discurso y posicionamiento, esto es, opinión, toma de partido de la propia organización ante determinadas situaciones o temáticas que afecten a las vidas de las personas y a colectivos empobrecidos. Aquí la opinión de la ONG no será “neutral”, sino que tomará partido y denunciará situaciones de injusticia. Pero no basta con denunciar. Hay que plantear alternativas y propuestas que contribuyan al cambio social. Estas alternativas y propuestas pueden provenir de la propia ONG, pero también de las personas y colectivos excluidos. De hecho, el valor añadido que pueden aportar las ONG a la generación de pensamiento, al análisis y al discurso es su cercanía a las personas y colectivos excluidos y la posibilidad de incorporar sus testimonios, historias de vida, experiencias, opiniones y propuestas. En consecuencia, de posicionarse desde la perspectiva y visión de las personas y colectivos excluidos y facilitar que sean sujetos políticos, con voz, opinión y capacidad de incidencia.

Además, para ser generadoras de pensamiento, las ONG deben aliarse con las Universidades. En esta alianza, las Universidades aportan su capacidad investigadora y de análisis, y las ONG, su experiencia y contacto con las comunidades de base, entre otras cosas, lo que puede propiciar la elaboración de estudios e investigaciones para campañas de sensibilización e incidencia política, que argumenten y propongan para influir en la sociedad y en las políticas públicas. Estas alianzas entre ONG y Universidades no son sencillas por sus diferentes modos de proceder, pero pueden ser muy fructíferas. En la Universidad hay mucho conocimiento sobre temáticas y metodologías que otorgan credibilidad y rigor a la investigación y al análisis, también hay personas muy motivadas por la dimensión social. Es importante que ese conocimiento no se quede en el ámbito de la academia, sino que se transmita a públicos más amplios, que se traduzca en posicionamientos y en propuestas para políticas públicas y que se canalice en foros y espacios en los que se toman decisiones, todo ello, con el objetivo de equilibrar un poder muy desigual y beneficiar a las personas y colectivos excluidos. En este sentido, las investigaciones y documentos sobre deuda externa, cambio climático, migraciones y refugio, consumo responsable o educación, por citar sólo algunos ejemplos, realizadas por ONG, Universidades y otros actores, han acercado estos temas a la opinión pública y nos han permitido conocerlos con profundidad, han sido el fundamento de campañas de denuncia y de incidencia política cuyas propuestas han estado en la agenda pública, han sido objeto de movilización por parte de la ciudadanía y, finalmente, en muchos casos, han sido asumidas por los gobiernos. Han contribuido, en definitiva, a generar cambios en valores, ideas, políticas y prácticas. Hay que seguir profundizando y ampliando estrategias en este camino, generando análisis y propuestas en red, para cambiar a un mundo más justo, sostenible y pacífico, de modo que, como señalaba Plutarco, el conocimiento no sea una vasija que se llena, sino un fuego que se enciende.

Artículo de Valeria Méndez de Vigo (@vmendezdevigo) responsable del Departamento de Estudios e Incidencia de Entreculturas

 

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