El lado oscuro de la economía colaborativa

David Murillo (@davidmurillob) Investigador sénior del Instituto de Innovación Social

Se ha descrito que las plataformas de consumo colaborativo, que permiten a los usuarios compartir sus posesiones con los demás, fomentan inherentemente los actos prosociales y los sentimientos de solidaridad. Pero ¿es la economía colaborativa tan beneficiosa como pensamos?

El profesor de ESADE David Murillo y sus colegas investigadoras Heloise Buckland y Esther Val han puesto de manifiesto un hecho intrigante: la economía colaborativa es percibida más bien como una nueva forma de neoliberalismo con esteroides.

En efecto, las plataformas de consumo colaborativo tienen su lado oscuro. Los investigadores ponen en tela de juicio los principales argumentos a favor de la economía colaborativa con datos basados en estudios que señalan un número creciente de controversias surgidas en la literatura.

Los pioneros de la economía colaborativa sostienen que se trata de un movimiento democrático, de estructura y jerarquía planas, que gira en torno al empoderamiento de personas corrientes, que posibilita la confianza y que es considerablemente más participativo y sostenible que otros sectores de la economía.

“Muchos partidarios de la economía colaborativa no ven el lado oscuro de estas innovaciones”, advierte el profesor Murillo. “Hemos desentrañado controversias básicas que vienen a cuestionar el impacto social beneficioso de estas plataformas de consumo colaborativo y el pensamiento tecnosolucionista, tan extendido en la economía digital.”

Las 5 principales controversias de la economía colaborativa

1. La controversia del mercado

¿Quién gana el dinero? La reducción de los costes de transacción en la economía colaborativa viene facilitada por unas organizaciones que a menudo acaban convirtiéndose en negocios internacionales muy extensos y de gran valor. Los investigadores han descubierto que más de la mitad de la actividad en cada categoría colaborativa está controlada por una sola empresa. “Estos negocios tienen los mismos fuertes incentivos para eliminar a la competencia y establecer mercados monopolísticos que cualquier otro segmento del ámbito digital”, señala el profesor Murillo.

Además, los usuarios de estos servicios no tienen un acceso equitativo a la riqueza que se crea. “Por ejemplo, el 75 % de la facturación total de Airbnb proviene de los alquileres de casas enteras, lo cual no es una iniciativa colaborativa, sino un alquiler común”, explica el profesor Murillo.

2. La controversia del gobierno

La competencia leal y el respeto a la ley difícilmente se logran sin la intervención pública. Sin embargo, en el mundo de la economía colaborativa, muchas personas creen que la autorregulación es beneficiosa.

“Muchos de los grandes actores de la economía colaborativa tienen medios para aprovecharse de las lagunas legales de la normativa de los países, y su modelo de negocio parece consistir en escapar del cumplimiento de la legalidad. La falta de control público sobre el modo de operar de estos negocios crea una oportunidad clara para la elusión fiscal”, advierte el profesor Murillo.

3. La controversia del trabajador

Otra consecuencia de la economía colaborativa es el alejamiento del modelo de empleo por contrato de las empresas tradicionales, así como una tendencia hacia el trabajo más a corto plazo y autónomo.

La otra cara de la moneda es que los derechos, los beneficios y los niveles de retribución justa de este sector emergente de autónomos parecen amenazados. Por ejemplo, los conductores de Uber posiblemente tienen que responder ellos mismos ante los accidentes en el trabajo; los trabajadores de TaskRabbit no reciben pensión alguna, y quienes busquen un seguro por enfermedad o estabilidad laboral difícilmente los encontrarán en la economía colaborativa”, señala el profesor Murillo.

4. La controversia del consumidor

La mayoría de las principales empresas de la economía colaborativa disfrutan de una enorme reputación popular, gracias a un sistema sofisticado de mecanismos y algoritmos. La investigación empírica sobre Airbnb revela que cuanto más de fiar se ve un anfitrión en la foto, más elevado es su precio de cotización y más probabilidades tiene de ser elegido. “Acaso nos fiamos simplemente de la apariencia de confianza, partiendo de una percepción falsa de la confiabilidad”, advierte Murillo.

5. La controversia del entorno

Contrariamente a lo expresado por los defensores de la economía colaborativa, una revisión exhaustiva de 56 ponencias científicas revela que la huella ecológica del comercio electrónico directo entre la empresa y el consumidor es significativamente mayor que la de las compras convencionales. Los autores concluyen que el impacto de la economía colaborativa sobre el entorno es aún un área poco clara, que debe estudiarse más en profundidad.

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