Sostenibilidad y legitimidad: las iniciativas ‘multi-stakeholder’

Daniel Arenas, profesor y director del Departamento de Ciencias Sociales de ESADE y responsable de investigación del Instituto de Innovación Social.

¿Quién y cómo se decide en torno a la sostenibilidad? Desde hace más de diez años, tras la incapacidad de llegar a acuerdos intergubernamentales para afrontar algunos de los grandes retos sociales y medioambientales del planeta, organizaciones de la sociedad civil y empresas empezaron a construir lo que se ha denominado iniciativas multi-stakeholder. Entre ellas, destacan el Forest Stewardship Council, para productos provenientes de bosques; el Roundtable for Sustainable Palm Oil, para los provenientes del aceite de palma; y la Extractive Industries Transparency Initiative, para promover la transparencia sobre el impacto de la actividad extractiva en la sociedad. Pero hay muchas más: sobre la pesca, el algodón, la soja, el agua, los plátanos, las condiciones laborales en la industria textil… Probablemente, si no la hay ya, pronto habrá una iniciativa multi-stakeholder que dictamine sobre la sostenibilidad del producto o actividad de su empresa.

¿Por qué las empresas se suman a estas iniciativas? Permiten proporcionar al consumidor final, a la empresa cliente o al inversor una información creíble sobre la sostenibilidad y responsabilidad de la actividad que se desarrolla. Y esto repercute en riesgo, reputación y ventaja competitiva. Pero también le permite a la empresa estar presente e influir en un foro en el que se delibera sobre los criterios que definen la sostenibilidad de su producto o actividad.

Las iniciativas multi-stakeholder incluyen a actores de diferentes sectores (lucrativo y no lucrativo) que elaboran conjuntamente estándares sobre la sostenibilidad social y medioambiental de una actividad empresarial y toda la cadena de valor de un producto. Se caracterizan también por certificar o verificar, mediante auditores acreditados, el cumplimiento de esos estándares. A menudo, el producto certificado recibe un sello o etiqueta, lo cual suele conferir más credibilidad de la que una empresa puede comunicar por su cuenta.

Mediante estos dispositivos, las iniciativas multi-stakeholder se han convertido en una forma de regulación privada. Su legitimidad no viene del apoyo que puedan recibir de gobiernos elegidos democráticamente (en muchos casos, no participan en absoluto), sino de la credibilidad que les otorgan sus diferentes públicos, de la representación de diferentes sectores en sus mecanismos de gobernanza y de su efectividad en promover los objetivos de la sostenibilidad.

Cierto, estas iniciativas están de moda. Pero también son criticadas. No siempre está claro hasta qué punto se ha mejorado realmente respecto a algunos de los grandes retos, como la deforestación o la corrupción, que llevaron a ingeniar soluciones como las iniciativas multi-stakeholder. También se lamenta que no se incluyan realmente todos los grupos afectados por la actividad, como las comunidades locales que no tienen la capacidad de participar u organizarse para llegar a los foros adecuados. En otros casos, se denuncia la existencia de un conflicto de intereses, dado que los productores certificados son los que pagan a los certificadores, que, a menudo, son empresas lucrativas. Esto lleva a que, cuando hay incumplimientos, no siempre se retiren o nieguen certificaciones y a que, en cambio, se den simples advertencias y recomendaciones. Finalmente, las iniciativas multi-stakeholder pueden enfrentarse a un dilema: o crecer en cuota de mercado (a veces, frente a certificaciones lanzadas unilateralmente por la industria) o fortalecer su rigurosidad.

En definitiva, en tanto que se han convertido en piezas clave de la nueva gobernanza global, las iniciativas multi-stakeholder deben, continuamente, reforzar su legitimidad. Si la pierden, dejan de ser útiles, tanto para contribuir a solventar los retos sociales y medioambientales del planeta como para las empresas que las usan como mecanismo de mercado.

 

Artículo publicado en Harvard Deusto Business Review (nº260), sección “El reto de la sostenibilidad

Fotografía de portada de Markus Spiske (unsplash.com)

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