Personas con otras capacidades

Ignasi Carreras (@ESADEisocial), director del Instituto de Innovación Social de ESADE.

“Las personas nunca sabemos de lo que somos capaces hasta que lo intentamos”. Esta cita de Charles Dickens me viene a la cabeza cuando he sabido que la memoria de la Fundación Abertis correspondiente al último ejercicio ha sido coordinada por una persona con discapacidad intelectual. Una noticia que me parece todo un referente para el sector empresarial y la sociedad en general.

Afortunadamente, la incorporación a la empresa de personas con discapacidad física o intelectual está teniendo una evolución muy positiva en los últimos años. Estas personas con otras capacidades, -denominación que me parece refleja mejor la especificidad de las personas a las que nos estamos refiriendo-, están rompiendo la situación de exclusión de facto a la que se veían sometidas desde el punto de vista de su inserción laboral. En este logro, está contribuyendo la ayuda de las oenegés, de Administraciones Públicas, los sindicatos y de las propias empresas.

Es una buena noticia que, según fuentes del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, entre finales de 2011 y la primavera de 2015, 640.000 personas con diferentes tipos de discapacidad habían sido contratadas en España, lo que representa un ritmo de incorporación al mercado laboral más alto que el del resto de trabajadores. No siempre la inclusión laboral de este colectivo ha sido así. Recuerdo que, hace cinco años, moderé una mesa redonda con el título “Discapacidad, una decisión estratégica” que tuvo lugar en el campus de Esade en Madrid, en la que se constató que España estaba en los puestos de cola de la OCDE respecto a la inserción laboral de personas con discapacidad y que el paro afectaba en un 40% más a este colectivo que a la población en general.

Para que esta evolución positiva se haya producido, ha sido muy importante la actuación de muchas empresas, como Abertis, DKV, Campofrío, Grupo Siro, Repsol… y tantas otras, quienes, en virtud de sus políticas y prácticas de RSE, están dando un gran impulso a la inclusión laboral y al desarrollo profesional de personas con otras capacidades. Además de poner el énfasis en la incorporación de este colectivo a su plantilla, se está avanzando en ofrecer a estos profesionales la oportunidad de asumir responsabilidades más relevantes que las que tradicionalmente han podido desempeñar en las empresas.

Son imprescindibles gestos que sirvan de ejemplo, dentro y fuera de las empresas, para que estos cambios cristalicen. Iniciativas que demuestren que todos los techos de cristal se pueden superar para que el talento de las personas con otras capacidades pueda desarrollar todo su potencial. Gestos y ejemplos, como el de la Fundación Abertis, que ha optado por el carácter innovador para confiar a un empleado con discapacidad intelectual la coordinación de su memoria anual. Un gran paso adelante.

Artículo publicado en LA Vanguardia el 28 de agosto de 2016

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