Abrid las fronteras, queremos acoger

Susana Balet, (@SBalet) consultora social y colaboradora académica en ESADE Business School

‘Abrid las fronteras, queremos acoger’ era el lema de la manifestación del pasado domingo 19 de Junio de 2016 en Barcelona  ‪#‎19J ‪#‎ObriuFronteres‪#‎VolemAcollir

Salía de Plaza Universidad para terminar delante de la oficina de extranjería en Paseo San Juan y reclamaba la apertura de las fronteras europeas a los refugiados. Cientos de personas formaron parte de esa manifestación. Mientras caminaba a mi paso por la calle Rosellón, yo pensaba en el lema,  más que ‘abrid fronteras’ debería ser ‘abramos fronteras’, en primera persona del plural. Los políticos, nos guste o no, son nuestros representantes y son un reflejo nuestro. En general, creo que deberíamos hablar más a menudo en primera persona… para poder asumir la responsabilidad y poder implicarnos en la acción, no dejándolo en manos de otros sino perseverar en aquello por lo que vibramos.

Con este escrito no pretendo convencer a nadie de nada, pero sí quiero aprovechar la oportunidad para compartir unas reflexiones en relación a la crisis de los refugiados que estamos viviendo en la actualidad. Soy una de las afortunadas que he podido vivir parte de esta crisis en primera persona. He podido ir de voluntaria a Lesbos así como a Idomeni. Como parte de Amalurra (proyecto de ecoaldeas) pude ir de voluntaria con RefuGEN. RefuGEN es un proyecto de ayuda humanitaria 100% gestionado e implementado por voluntarios. Inicialmente comenzó dando apoyo en Lesbos, tanto en las playas como en los campos de refugiados, pero con el cierre de los movimientos de voluntarios en marzo a consecuencia de la firma del acuerdo de la Unión Europea con Turquía RefuGEN tuvo que trasladar su actividad a Idomeni.

Como ya sabréis por los medios de comunicación, Lesbos es una de las islas griegas por las que cientos de miles de personas han pasado la frontera de Turquía y han llegado a nuestras costas europeas. Costas que han visto morir, también como consecuencia de esta crisis, a más de 10.000 personas desde 2014. Pude ver algunas de esas tumbas y me estremecía al ver las lápidas y unos meros números. De la misma manera que me estremecía las mañanas que llegaba a Idomeni y veía el mar de tiendas de campaña a unos pocos metros de la frontera cerrada entre Grecia y Macedonia. De la misma manera que me estremecí con la firma del acuerdo de la Unión Europea y Turquía. Para mí una gran decepción y un retroceso de más de 80 años en la defensa de los Derechos Humanos.

Abrir las fronteras es lo que muchos reclaman, y yo entre ellos… pero no he de negar que también me impone, me da miedo y no sabría dar la solución de cómo materializarlo de una manera que se pueda garantizar la seguridad y el bienestar de todos, de los que llegan y de los que estamos aquí. Lo que sí tengo muy claro es que cerrar las fronteras no es ninguna solución, ni parte de ella.  Pero antes de entrar en la materialización física de la solución, creo que Irene Goikolea, voluntaria con la que estuve en Idomeni y coach en psicología profunda tenía mucha razón cuando hacía referencia a las fronteras en uno mismo como principal barrera. Escribió en su Facebook a su vuelta: “Esta experiencia me ha enseñado tanto que estoy decidida a ver cuál es la frontera que está cerrada en mi vida hacia el “otro, o otros” y trabajar en ello con la esperanza que estas fronteras caigan y se abran los puentes a la diversidad humana.”

Y también dijo algo muy similar un portavoz de la manifestación del domingo, no recuerdo sus palabras textuales pero su mensaje trasmitía lo siguiente: “debemos abrir las fronteras, pero sobretodo las internas. Las responsables de las distancias que creamos entre nosotros y las que son el origen del racismo”.

Y es que si abriéramos las fronteras físicas quizás no tendríamos éxito si a la vez no abriéramos las fronteras que tenemos dentro. Y en verdad os digo, después de haber estado con varias familias sirias que hay más cosas en las que nos parecemos que en las que nos diferenciamos. Como nosotros, son cultura mediterránea, les gusta festejar y sociabilizar. Compartir, comer y cantar. Algunos musulmanes pero también cristianos. Y el tipo de comida también nos acerca. Mismos ingredientes, simplemente mezclados de diferente manera.

Si abriéramos las fronteras, no sé cómo podríamos gestionarlo para encontrar una solución a corto, medio y largo plazo donde todos pudiéramos ser parte de un mismo camino en el que la diversidad nos aportara riqueza y pudiéramos vivir en prosperidad. Prosperidad no significa tener más, sino vivirse próspero, que es muy diferente. ¿Quién sabe si precisamente la integración de estos pueblos en nuestros países pueda ser parte de la solución del receso económico y social en el que llevamos desde 2008? De la misma manera que hace unos años muchos no hubieran dado un duro por la economía colaborativa, a muchos ahora les resulta difícil visualizar una solución co-creada. ¿Y por qué no darnos la oportunidad y enriquecernos por el camino? La solución precisamente no será dada, llegará con el camino y tenemos que construirla.  Creo que nuestra energía debiera estar concentrada precisamente en encontrar ese camino en lugar de construir muros de kilómetros de distancia y gastarnos el dinero en burocracia y policía que hace las diferencias entre nosotros aún más grandes.

Es más creo firmemente que con el cierre de fronteras estamos alimentando aún más el miedo y el rechazo. Estamos incrementando las distancias entre nosotros y creyendo encima que así nos mantenemos salvaguardados del terrorismo. Pero yo discrepo, y es que estoy convencida de que los grupos terroristas como ISIS tienen en la actualidad tantos recursos y tanto poder que podrían tomar acción en cualquier momento en cualquier ciudad europea sin necesidad de recurrir a la ruta que toman los refugiados para ingresar a sus terroristas. Gran estrategia por cierto para expandir el terror. Hacernos creer que entre los refugiados se pueden ‘colar’ terroristas que quieren atacarnos. De eso trata el terrorismo ¿no? De expandir el terror, y lo están haciendo muy bien.

Pero como en toda crisis, también hay historias bonitas. Y es que estando de voluntaria en terreno tienes la oportunidad de ver a la vez las consecuencias de lo peor de la humanidad, la guerra, los traficantes de humanos, los abusos sexuales…, pero también lo mejor de la humanidad, los movimientos de voluntarios, la ciudadanía que se vuelca por ayudar, el amor que emana de todas esas iniciativas de rescate, ayuda humanitaria, acompañamiento… en ellas, las lágrimas de tristeza y de agradecimiento se mezclan haciéndole a uno sentirse más vivo que nunca y haciendo a uno querer tomar acción con más impulso y determinación que nunca.

Experimento en mi persona y también lo observo a mi alrededor como son aquellos que se acercan a la realidad de los refugiados los que quieren tomar acción, de la misma manera que en ESADE ha surgido un grupo de personas (alumnos, profesores, empleados… ) que quieren hacer algo al respecto. Desde compartir información de cómo ir de voluntariado a Grecia hasta idear iniciativas y acciones que podemos tomar desde aquí, que son muchas. ESADE Community for Refugees se materializó en una primera reunión hace un par de semanas y ya tiene su grupo de Facebook. Mediante este tipo de iniciativas creo que es como podemos abrir  nuestras fronteras, las internas seguro y ojalá que algún día también las externas.

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