Reciclaje inclusivo: una oportunidad de desarrollo de mercado para una vida mejor

Laura Torà, colaboradora del Instituto de Innovación Social de ESADE y consultora del Fondo Multilateral de Inversiones del Banco Inter-Americano de Desarrollo (FOMIN).

¡Reciclar! Este es el mensaje que lanza nuestro planeta. Los medios de comunicación, los gobiernos, los ayuntamientos y las familias, entre muchos otros, gradualmente han ido incorporando rutinas de reciclaje en su día a día para colaborar en la gestión de los residuos sólidos que continuamente generamos.

A razón del pasado 1 de marzo, Día Mundial del Reciclador de Base, me gustaría poner encima de la mesa, los esfuerzos que están haciendo estos actores de la cadena de valor de la industria del reciclaje, y que muchas veces pasan desapercibidos.

15 millones de personas en el mundo ven día a día como botellas, latas y cartones se transforman en su sustento económico. Dónde tú sólo ves basura, ellos encuentran un futuro para sus familias. En América Latina y el Caribe, 4 millones de personas viven del reciclaje y empiezan a ser conscientes de cómo su rol es clave en la base de la cadena de valor, al proveer entre el 50 y el 90% de los materiales reciclables de la región, según datos de la Iniciativa Regional para el Reciclaje Inclusivo (IRR).

En un mercado de reciclaje aún incipiente y en el que sólo reciben el 5% de las ganancias generadas por el sector, existe un nuevo desafío: organizarse, formalizarse e innovar. Colombia y Brasil ya desarrollaron un marco legislativo favorable para la figura del reciclador, y sus modelos se han convertido en un ejemplo a seguir. El resto de países, cada uno a su ritmo, despierta ante este nuevo reto; reto que el sector necesita transformar eficientemente en oportunidad.

La IRR está trabajando en ello y apuesta por la formación de alianzas estratégicas y multisectoriales con el objetivo de crear espacios de diálogo, colaboración y acción. En este caso, el Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN) y la División de Agua y Saneamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Coca-Cola América Latina, PepsiCo Latinoamérica, Fundación Avina y la Red Latinoamericana de Recicladores (Red Lacre) están liderando este programa con el objetivo de hacer frente a los retos socio-económicos y ambientales, que actualmente requieren el compromiso de todos los actores de la cadena: empresas, gobiernos y sociedad civil.

Un buen ejemplo de éxito en gestión integral de residuos se encuentra en el estado de Río de Janeiro en Brasil, donde mediante el programa Ecoampla, una empresa de distribución eléctrica ha incorporado un modelo de descuento en sus servicios por la recuperación de residuos sólidos reciclables por parte de sus clientes. En este caso, la empresa ha encontrado un equilibrio para favorecer el acceso a la electricidad de familias de bajos ingresos, promover el reciclaje y hacer crecer su base de clientes.

¿Y por qué es tan importante este enfoque de alianza e innovación? Pues porque está sentando precedentes, de forma que a partir del diálogo y colaboración se desarrolla una sensibilidad y compromiso de mirar más allá del beneficio económico y apostar también por el impacto social en las personas. Y es así que se aboga por la inclusión social y económica de los recicladores, se apuesta por la formalización de esta profesión, y se promueve una mayor sostenibilidad en nuestras vidas.

 

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