La innovación social a partir de retos (challenges)

Por Xavier Pont (@xavierpont72), co-fundador de Ship2B y colaborador del Instituto de Innovación Social de ESADE

En 1773 la Academy of Besançon lanzó un reto para encontrar comidas alternativas y ganó un tubérculo desconocido hasta ese momento llamado “patata”. En 1795 Napoleón Bonaparte ofreció 12.000 francos a cualquiera que le aportara una solución a la preservación de los alimentos en sus campañas militares. Nicolas François Appert, un confitero francés, propuso un método que consistía en calentar, hervir y guardar los alimentos en frascos de cristal, prácticamente el mismo sistema que, hoy en día, utilizamos. Por tanto, trabajar en base a retos (challenges) viene de lejos, aunque últimamente ha vuelto a emerger y tomar un nuevo protagonismo en el campo de la innovación social.

Cuando uno quiere intervenir y cambiar el mundo, puede hacerlo participando de la política, lanzando una iniciativa social, siendo una empresa responsable o actuando en acciones comunitarias, por poner algunos ejemplos. Últimamente, se ha popularizado una nueva forma de intervención social: el trabajo por retos (challenges) en donde se lanzan procesos de innovación abierta que movilizan multiplicidad de actores públicos y privados para que aporten soluciones a los desafíos definidos.

El formato clásico de reto es aquel en donde se fija un problema específico y se ofrece un premio económico a quien consiga resolverlo. Por ejemplo, Peter Diamandis creó en el 2004 el X-PRIZE y desafió a equipos de todo el mundo para construir una nave espacial privada y tripulada capaz de llevar a tres personas a 100 kilómetros sobre la superficie de la Tierra dos veces en dos semanas. El premio de $10M fue otorgado en 2004 y a partir del premio, se puso en marcha una nueva industria espacial privada.

Un estudio reciente de Nesta UK pone de manifiesto que los retos con premio:

  • Consiguen avances espectaculares al establecer objetivos muy ambiciosos.
  • Atraen a los innovadores de cualquier campo para hacer frente a problemas complejos.
  • Limitan el riesgo financiero al conceder un premio sólo cuando el reto se cumple con éxito.

Aun así, muchos retos fracasan. Existen muchos condicionantes (definición y ambición del reto, cuantía del premio, ámbito geográfico, etc.) que pueden ser determinantes para que el reto tenga o no éxito.

Últimamente también hemos asistido al aterrizaje de esta metodología en el campo de la intervención social, sobretodo en países anglosajones como UK y EUA. Por ejemplo, en el 2011 la Fundación Bill & Melinda Gates lanzó su conocido reto para reinventar el WC con el objetivo de crear soluciones sanitarias sostenibles en el tercer mundo.

Los retos sociales suelen ser más complejos y necesitan a menudo de procesos más sofisticados. Los agentes que lanzan el reto ya no se conforman con ofrecer un premio, y pueden introducir otros elementos en el proceso de innovación:

-          Colaboración “multistakeholder: atraer a todos los agentes públicos y privados relacionados con el reto para debatir sobre el mismo, y hacerlos partícipes del proceso de innovación.

-          Fase de conocimiento del reto: Realizar una fase de análisis e investigación con expertos en donde se profundiza en el reto en cuestión para entender sus problemáticas, los puntos de vista diversos, sus posibles soluciones, las áreas donde hay que intervenir, etc.

-          Proceso de co-creación: Introducir una fase de co-creación en donde, utilizando metodologías de innovación participativa como el design thinking, se generan soluciones que den respuestas innovadoras a los retos.

-          Detección de proyectos disruptivos: Lanzar una fase de llamada (call) o detectar directamente proyectos existentes, autóctonos o internacionales, que den respuestas efectivas a los retos y que puedan ser escalados o replicados en el territorio del reto.

-          Fase de incubación: Junto a los premios, introducir una fase de incubación y aceleración de las mejores ideas y proyectos.

A partir de aquí, las metodologías de trabajo por retos abundan en la actualidad y van desde procesos relativamente cortos de reto y co-creación (como, por ejemplo, los que plantean entidades como Ideo o Imagine), hasta retos más extensos orientados a administraciones locales (como el Open Challenge que lanzó el Ayuntamiento de Barcelona, o el Mindlab en Dinamarca), hasta retos que se basan sobretodo en producir réplicas de modelos internacionales de éxito en el mundo (como el “Desafío educación: educar para la sociedad digital” de la Fundación Telefónica con la colaboración de  Up Social). Abundan también las metodologías que utilizan la tecnología para hacer trabajar a multiplicidad de actores en un mismo reto (por ejemplo, la empresa noruega INDUCT). El tiempo de vigencia de cualquier proceso puede variar entre 1 semana hasta 2 años en función de las fases y complejidad del reto.

No todo es oro lo que reluce en el trabajo por retos. Algunos de los problemas que suelen llevar al fracaso de esta metodología son:

  1. A menudo no se define bien el reto y queda difuso, o excesivamente amplio, o demasiado concreto.
  2. Muchas veces no se involucra a los actores y agentes referentes del reto.
  3. Suele ser común que el premio no esté a la altura del desafío.
  4. A menudo las fases no están equilibradas, por ejemplo se realiza bien la co-creación de soluciones pero después no hay la energía ni los recursos para poner en marcha los proyectos.
  5. Suele pasar a menudo también con la fase de conocimiento en donde se hacen grandes diagnósticos de los retos (por ejemplo, SOLVE de MIT ha reunido recientemente a 500 expertos en Boston para resolver grandes retos de la humanidad), pero después los procesos de innovación no están acordes con los planteamientos teóricos (en el caso de SOLVE veremos en los próximos meses)
  6. También pasa lo contrario, definir retos sin fase de conocimiento hace que a menudo las soluciones que se aportan no sean las verdaderamente necesarias.

Parece que todo apunta a qué la metodología de trabajo a partir de retos está aquí para quedarse y desde la Fundación Ship2B queremos contribuir con el programa B-Challenge a que esto suceda.

Y vosotros, ¿qué pensáis de esta metodología?.  ¿Queréis conocer iniciativas basadas en retos? Podéis conocer algunos ejemplos en el artículo Tres iniciativas enfocadas en la resolución de problemas sociales complejos.


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