Ghana, la quinta África

Josep F. Mària, jesuita y profesor del Instituto de Innovación Social de ESADE.

Hace poco, mientras me preparaba para ir a Ghana, me cayó en las manos el libro de Bru Rovira titulado Áfricas. Cosas que pasan no tan lejos (RBA, 2006). Lo puse enseguida en la maleta. El autor explica con rigor y pasión las situaciones de cuatro países: Sudán del Sur, Somalia, Liberia y Ruanda. Son cuatro Áfricas diferentes, pero muy marcadas por la guerra y la violencia escalofriante.

Y he aquí que mientras leía a Rovira, me encontraba en una quinta África: Ghana. En la zona que visité hay pobreza, infraestructuras precarias, escolarización deficiente, discriminación de la mujer, falta de iniciativa empresarial, una clase política con deficiencias de honestidad, etcétera. Los ghaneses tienen sus mezquindades como todo el mundo; pero en las comunidades la gente sencilla se reúne periódicamente para deliberar sobre su futuro y vigilar tanto como pueden que los poderosos no les tomen el pelo.

Quizás una de las claves para entender la diferencia de esta quinta África es que, desde la década de 1930 en Ghana no ha habido guerra. La guerra desencadena conductas horrorosas entre los combatientes: conductas que cuesta años de modificar cuando llega la paz. Pero altera también la conducta de la población civil: el miedo a los saqueos lleva a abandonar proyectos económicos a medio plazo y a buscar la supervivencia con negocios de recoger y vender, comprar y vender, o arrancar de cuajo y vender. Y cuando llega la paz, cuesta mucho poner a la gente a ­trabajar en proyectos productivos a medio o largo plazo. No me quiero ni imaginar qué les pasaría a los ghaneses que entrevisté en casa o en sus negocios si un día llegaran soldados que mataran a su familia, se lo robaran todo y los hicieran huir. Desgraciadamente, eso es lo que le pasó a la gente de las otras cuatro Áfricas.

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«Otros le llaman África, nosotros le llamamos hogar»

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Por fortuna, hoy en África muchos países y regiones se parecen más a la quinta África que a las cuatro primeras. Sería bueno que los medios de comunicación, las oenegés, las agencias de viajes y los gobiernos nos ayudaran a cambiar la imagen que tenemos de África. Así, los empresarios, los turistas y los cooperantes perderían el miedo de acercarse a ayudar y descubrir la belleza natural, la riqueza cultural y la solidaridad que, mayoritariamente, pueblan este continente.

Como decía el anuncio de un banco africano en el aeropuerto de Accra: «Otros le llaman África, nosotros le llamamos hogar»


Artículo publicado en La Vanguardia el 03 de noviembre de 2015.

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