Diversidad e innovación social

Ignasi Carreras (@ESADEisocial), director del Instituto de Innovación Social de ESADE

Son cada día más las organizaciones del tercer sector con  voluntad  de  desarrollar su capacidad de innovación, para incrementar su impacto social, en un momento de necesidades crecientes y recursos limitados.

Para ello, intentan recuperar el espíritu pionero que tuvieron en su etapa fundacional. Practican las  claves más adecuadas para innovar, como son estar a atentos a las tendencias y saber asociar ideas; contrastar sus conocimientos en red; utilizar el design thinking para diseñar prototipos y  probarlos, y  aprender de los éxitos y fracasos. También buscan aliarse con otro tipo de organizaciones que sean innovadoras y complementarias, para desarrollar proyectos compartidos.

Estas estrategias están empezando a cuajar, pero para dar un mayor salto adelante en la evolución de las  entidades del tercer sector hacia la innovación social,  es bueno recordar una afirmación de Steve Jobs: “la innovación no es cuestión de dinero, es cuestión de personas”.

Es evidente que las organizaciones más innovadoras son aquellas en las cuales sus líderes entienden e impulsan la creatividad. También está demostrado que hay una relación directa entre la diversidad del equipo, siempre y cuando esté cohesionado, y la capacidad colectiva para innovar. Nos referimos a dos tipos de diversidad. La diversidad inherente, que está relacionada con características con las que se nace, como el género o el grupo étnico, y la adquirida, que incluye aspectos que se desarrollan con la experiencia vital y profesional.

Tal como constatamos repetidamente, en ejercicios que hacemos en los programas de formación ESADE-La Caixa para ONG y otras entidades no lucrativas, los  directivos de estas organizaciones prefieren reclutar personas parecidas a ellos mismos. Se valora más conformar equipos homogéneos e identificarse  con las nuevas incorporaciones, que generar equipos con mayor diversidad inherente y adquirida.

Reclutar gente con la que sientas afinidad es una buena práctica para replicar el pasado, pero si las organizaciones del tercer sector quieren abordar el futuro con más innovación, deben incorporar gente diferente. Personas que, siendo válidas para sus entidades, traen consigo nuevas competencias y nuevas formas de trabajar.

Eso sí, los directivos del sector tendrán que  tener  inteligencia emocional para gestionar bien la diversidad y las nuevas ideas que estas personas aportan.

Artículo publicado en La Vanguardia el 25 de agosto de 2015.

 

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