Del ‘buenismo’ al impacto

Por Alfred Vernis (@alfredvernis), profesor del Departamento de Estrategia y Dirección General de ESADE y  Director de Momentum Project.

Hace dos meses, un terremoto de magnitud extrema afectó a Nepal. Durante los primeros días, los medios de comunicación nos inundaron con imágenes de la devastación en Katmandú, Bharatpur, Kodari… Hoy, cientos de miles de personas siguen sin casa, muchas durmiendo en tiendas precarias bajo la lluvia monzónica. Es ahora cuando necesitan atención médica, agua potable, alimentos…

Situaciones como la que se vive en Nepal nos las tratan de recordar muchas de las organizaciones no gubernamentales de ayuda al desarrollo. Son nuestra consciencia solidaria para que no olvidemos que vivimos en un mundo global. En efecto, nuestro mundo es global para el teléfono de Apple, la silla de Ikea y el pantalón de Zara, pero también lo es para el terremoto de Nepal, la tragedia de los refugiados sirios en el Mediterráneo o la devastación de la epidemia del ébola en África occidental. Por ello, no deja de sorprendernos que, en una sociedad relacional global, muchas personas sigan poniendo en duda la existencia de organizaciones no lucrativas serias y comprometidas con la constante transformación social.

Seguramente, parte del problema es debido a la sacudida que han experimentado las sociedades occidentales en la última década a raíz de la crisis económica, en que hemos tomado consciencia de que los recursos públicos y privados son muy limitados y que cada euro cuenta. Por ello, queremos insistir en que es muy importante que las organizaciones del tercer sector, tanto las que trabajan en el Norte como las que realizan su labor en el Sur, expliquen muy bien cuál es el impacto real del trabajo que llevan a cabo.

Vamos a tratar de ilustrarlo con un ejemplo real. El mes pasado, un directivo de una multinacional española nos explicaba que había tratado de constituir un fondo de colaboración de impacto con una de las grandes organizaciones del tercer sector que se dedica a crear empleo en España. La aproximación de la multinacional era muy simple y muy enfocada a resultados: «Decidnos cuánto cuesta crear un nuevo empleo para una persona joven, y nosotros financiaremos la creación de 1.000 puestos de trabajo». El fondo no se llegó a crear porque la organización no lucrativa no podía comprometerse a crear estos 1.000 puestos de trabajo. Las preguntas que surgen inmediatamente son: Esta organización que se dedica a luchar contra el paro ¿no sabe cómo crear un puesto de trabajo? ¿Qué hace entonces?

Todo tiene su explicación y, en concreto, esta organización se dedica a acompañar a las personas en paro proporcionándoles formación, ayuda psicológica y ayuda económica. Y la verdad es que lo hace extraordinariamente bien, y este es un primer escalón fundamental para la creación de empleo. El reto reside en que la organización necesita comunicarlo adecuadamente. Seguramente, este es el gran desafío que afrontan las organizaciones del tercer sector: en una sociedad acostumbrada a resultados, cada vez es más difícil quedarse solo con las buenas intenciones. Además, el buenismo sigue haciendo mucho daño a las oenegés. Muchas organizaciones no lucrativas dicen: «Lo que nosotros hacemos es bueno», como si lo que hicieran otras organizaciones públicas y privadas fuera malo. Si somos una organización cuya misión es la creación de empleo, necesitamos decir a las personas y a las organizaciones que nos apoyan cuántos empleos hemos conseguido crear o, mejor aún, cuántas personas están trabajando gracias a nuestras acciones. Hoy las personas quieren visualizar el verdadero impacto del esfuerzo de las organizaciones del tercer sector.

Medir los resultados

La pregunta que nos hacemos todos es: ¿Cómo sabemos si una oenegé trabaja más pensando en el impacto que en el buenismo? La mejor forma de saberlo es analizando cómo define lo que hace. Siguiendo con el ejemplo anterior, es muy distinto decir: «Nosotros nos dedicamos a luchar contra el paro», que expresar la misión en estos términos: «Nosotros combatimos el paro creando nuevos puestos de trabajo, facilitando préstamos a interés muy bajo a personas y/o organizaciones». O, comunicar la misión diciendo: «Nosotros realizamos un servicio de acompañamiento en el empleo basado en la personalización y el asesoramiento a personas que desde hace tiempo no encuentran trabajo». El primer ejemplo esbuenismo en estado puro; el segundo y el tercero son de organizaciones que buscan un impacto muy determinado, ya sea creando realmente puestos de trabajo, o bien acompañando a personas en situación de paro de larga duración. En el primer ejemplo, es imposible conocer el impacto; en los otros dos se puede medir con una serie de indicadores.

Si una organización expone muy bien lo que pretende hacer y, a continuación, demuestra lo que ha hecho y el impacto real de sus actuaciones, muy probablemente será una organización que trabaja pensando más en el impacto de lo que hace que en el buenismo. Estas son las organizaciones no lucrativas que necesitamos en el siglo XXI: con más impacto y menos buenismo. A estas oenegés, la sociedad española no les dará la espalda porque, por encima de todo, es una sociedad solidaria. Y si, en Nepal, a corto plazo se necesitan tiendas de campaña y alimentos, y a largo plazo reconstruir escuelas y hospitales, habrá que exponerlo bien, demostrar el resultado de las acciones emprendidas y, finalmente, explicar el impacto logrado. Entonces contribuiremos todos, ¿no?

Artículo publicado  el 30 de junio de 2015 en El Periódico

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