La emprendeduría social y las empresas familiares

Por Alfred Vernis (@alfredvernis), profesor del Departamento de Estrategia y Dirección General de ESADE y  Director de Momentum Project.

No vamos a hablar aquí de filantropía y/o de fundaciones familiares, sino de las empresas sociales, que comparten muchas características con las empresas familiares. Porque la creación de cualquier empresa, del tipo que sea, tiene mucho de social, y hay que reivindicar en voz alta que los emprendedores contribuyen a crear riqueza para la sociedad: facilitan la creación de nuevos puestos de trabajo, innovan, nos ofrecen productos y servicios necesarios, pagan impuestos, etc. Ahora bien, la diferencia es que en las llamadas “empresas sociales”, los emprendedores que las han creado buscan por encima de todo consumar un impacto social muy definido. En el acto de creación, comparten muchos aspectos con los emprendedores de las empresas ordinarias, pero difieren en su misión fundamental. El motor de la creación de una empresa social es el impacto social, no la aventura empresarial.

Para un emprendedor, la proposición de valor parte de servir en mercados que puedan comprar un producto o servicio determinado, y esta proposición está diseñada para obtener un beneficio para la persona emprendedora y sus inversores. En cambio, un emprendedor social tiene una proposición de valor relacionada con generar una transformación positiva en parte de la sociedad o en la sociedad en su conjunto.

Explicada la principal diferencia, no podemos ignorar que la gran mayoría de empresas sociales son pequeñas y medianas empresas con los mismos retos y dificultades que cualquier empresa. Respecto a ello, queremos compartir una primera idea: los miembros de las empresas familiares pueden explorar la posibilidad de acercar las nuevas generaciones de la familia al mundo de la empresa a través de estas empresas sociales. Una empresa social, al estar menos profesionalizada, “consiente” a menudo que se aproximen personas externas, lo que puede permitir que los jóvenes de las empresas familiares entiendan más fácilmente los mecanismos de cualquier empresa de una forma más amigable y, al mismo tiempo, les puede ayudar a desarrollar su espíritu emprendedor. Lo que es más atractivo de todo ello es que esta colaboración puede ser muy interesante para ambas partes.

Imaginemos, por ejemplo, que este joven empresario podría hacer en el futuro que su empresa fuera cliente de la empresa social o, por qué no, que desarrollaran conjuntamente productos y/o servicios.

La segunda idea en esta búsqueda de sinergias entre empresas sociales y la nueva generación de las empresas familiares nos lleva a hablar de los consejos de administración. Sentarse en consejos de dirección, patronatos, juntas directivas,etc., de empresas sociales, quizás en empresas que operen en sectores cercanos a la empresa familiar, puede resultar también un aprendizaje muy productivo en ambas direcciones. Seguramente no siempre estos jóvenes van a trabajar en la empresa familiar, pero sí se van a sentar en un consejo de administración de la empresa o en un consejo de familia. Haber pasado por el consejo de una empresa social les puede ayudar mucho en su formación y en la forma de entender el negocio, y puede mejorar su contribución a la empresa y a la sociedad, y viceversa: lo que estos jóvenes pueden aportar a estos consejos es una visión rica y diferente con respecto a la que la empresa social está acostumbrada.

La tercera y última idea tiene que ver con la inversión de impacto social. La inversión de impacto es una inversión diferente de la inversión socialmente responsable o “ética”. La inversión de impacto se hace en empresas sociales que, a través del mercado, van a ayudar a personas y colectivos con dificultades, o van a mejorar el medio ambiente, la educación, la movilidad, etc., con unos indicadores medibles y de impacto muy concretos.

En síntesis, la empresa familiar y, sobre todo, los jóvenes de las empresas familiares, pueden encontrar en las empresas sociales y en la inversión de impacto social un instrumento de formación y aprendizaje diferente al tradicional. Un instrumento retador pero, al mismo tiempo, que puede permitir un enriquecimiento mutuo entre empresa familiar y empresa social.

 

Articulo publicado para el Club ”Empresa Familiar: Club funcional y sectorial”  en febrero de 2015.

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