Y ahora, ¿qué?

Arnau Baulenas Bardia, alumno de Máster en Abogacía de ESADE participante en el SUD San Salvador 2013

Después de dos meses por tierras salvadoreñas gracias al programa del Servicio Universitario para el Desarrollo (SUD) de ESADE, me reafirmo en la idea de que la calidad es mucho más importante que la cantidad, que son las personas y no las instituciones las que hacen que la sociedad cambie, que la grandeza de las personas se debe valorar por su riqueza humana y no por sus recursos económicos…

Hago estas afirmaciones después de haber pasado desde principios de julio hasta mediados de septiembre en El Salvador, concretamente en San Salvador, trabajando en el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana. Parece un tópico pero es cierto, después de esta experiencia tan intensa cuando vuelves a casa las cosas no se ven de la misma manera y hay algo dentro de ti que ha cambiado.

La tarea que llevé a cabo, dentro del marco de una cooperación jurídica, fue la denuncia de las vulneraciones de los derechos humanos que sufrieron los salvadoreños durante su Guerra Civil (1980-1992). Para llevarlo a cabo, en primer lugar, debía conocer los casos y las historias de las víctimas y, a posteriori, redactar la denuncia que se presentará ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Pese a la cantidad de denuncias redactadas y las incalculables horas que me podía pasar buscando jurisprudencia, si tuviera que destacar algo de mi estancia es la grandeza de las personas, la humanidad que encontré en las diferentes comunidades que visité y la gente que conocí. En países como El Salvador palabras como solidaridad, empatía y estimación tienen su máximo sentido. Es difícil explicar qué te pasa por la cabeza cuando una mujer, que no tiene más que cuatro tomates y tres patatas, te lo ofrece todo. O lo que transmite el abrazo de un señor que ha perdido a sus tres hijas y te agradece que estés allí, luchando para que se haga justicia.

Algunos conocidos antes de irse me preguntaron qué iba a enseñar… la respuesta era qué iba a aprender y qué poco les podría enseñar. Después de estos dos meses puedo afirmar que son ellos los que me han dado una lección de vida. Son ellos los que me han enseñado y dado más cosas de las que he podido dar yo. A pesar de las numerosas dificultades que tienen como país y como sociedad, nunca se rinden y siempre siguen adelante gracias a sus valores humanos.

Finalmente, sé que mucha gente me puede tachar de populista y demagogo, aunque es cierto que la ignorancia es atrevida y que desde el sillón de casa es muy fácil emitir juicios. Estamos acostumbrados a la crítica sin mirar hacia nosotros mismos y por eso, a toda esta gente les diría que antes de hablar actúen. Tened por seguro que luego no dirán lo mismo. Es cierto, también, que no hace falta irse tan lejos para ayudar a alguien, seguramente muy cerca tenemos muchas personas que nos necesitan y que, por tanto, es hora de actuar y de callar. Así pues, no es el momento para los reproches, ni debemos dejar paso a la envidia y a la crítica. ¡SOMOS AFORTUNADOS! Demos gracias y seamos personas ayudándonos unos a otros.

 

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