Solidaridad: causas y consecuencias

David Murillo Bonvehí (@davidmurillob),  profesor del Instituto de Innovación Social de ESADE.

No cabe duda que la campaña de este año del Gran Recapte ha sido un nuevo éxito. Y esto se debe a diversos motivos. Todos bien merecidos. Por un lado ello se debe a características intrínsecas a la gestión del Banco de Alimentos. Pocas iniciativas hay tan bien gestionadas, tan profesionales, tan ceñidas a su misión social y que sepan innovar en tantos apartados de su modo de hacer. Por nombrar algunos apartados de esta innovación: el sistema de gestión de sus voluntarios, la estrategia de diversificación de ingresos o la manera de suplir desajustes –entre los cuales la estacionalidad de las donaciones que recibe o los desbalances nutricionales. También, parte de su mérito descansa en la capacidad de establecer acuerdos con empresas y de dotarse de notoriedad pública a partir de una bien trabada complicidad con los medios. Último elemento, no menor: su capacidad de superarse año a año y establecer nuevos récords de solidaridad. En definitiva, por méritos propios el Gran Recapte merece estar en la parte más alta del ranking de iniciativas solidarias.

Dicho lo cual, no hay colores claros sin colores obscuros. ¿Por qué cuesta tanto encontrar iniciativas de alto impacto como la del Gran Recapte? Pues por otro puñado de buenas razones. Entre las cuales, la dificultad de reproducir las condiciones de su éxito. La colaboración tercer sector-sector público y la provisión conjunta de una amplia cartera de servicios asistenciales evidencian la existencia de una estrecha y a menudo positiva relación de colaboración entre las dos esferas pública y privada. Con todo, abundan las relaciones clientelares. Aquí y ahí observamos la sobrerepresentación de los intereses del gobierno local de turno sobre la actuación de muchas de estas iniciativas. El intento de asfixiar la iniciativa privada, de considerar el tercer sector como un espacio competidor en el ejercicio buenista de proveer de bienes y servicios a la comunidad que se otorgan algunas administraciones. Reduciendo así el tercer sector a ejecutores del programa social marcado desde arriba. Sólo así podemos entender cómo hemos llegado a la abundancia actual de organizaciones formalmente situadas en el Tercer Sector pero que de hecho encajarían mejor en el epígrafe de entidades para-públicas: financiadas mayoritariamente por parte del presupuesto público; con pautas de funcionamiento más parecidas a un organismo público que a un privado; y cuya misión social ha quedado empeñada bajo el dictado de las directrices y objetivos de su financiador. No hace falta decir que este tipo de entidades son las que más han sufrido el recorte del presupuesto público.

Por otro lado, el éxito del Gran Recapte obedece a una necesidad efectiva de recursos públicos y de solidaridad creada en el vacío generado por otros agentes. ¿A qué vació nos referimos? Pues principalmente al de la insolidaridad. El Observatorio de la RSC en su informe del año 2011 establecía que el 80% de las empresas del Íbex35 tenían filiales en paraísos fiscales. La función de estas filiales cuesta de justificar; sobre todo de puertas hacia afuera. Según un último informe del sindicato de técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha), en el período que va de 2008 al 2011 la contribución del impuesto de sociedades al presupuesto público en porcentaje de PIB caía en 3 puntos. En IVA, España recauda 4 puntos menos que la media de la UE. El incremento de los tipos impositivos, se lamentaba el informe, prácticamente no se ha traducido en un incremento de los ingresos públicos. Descuenten si quieren el efecto real de la crisis en ciudadanos y empresas y aún hay demasiados elementos inexplicables. Pagamos más, sobre el papel. Recaudamos menos. Gestha se lamentaba del error de partida que implica concentrar el esfuerzo contra el fraude fiscal en los pequeños defraudadores y no en la gran empresa. No hay consecuencia sin causa. Hay que ser solidarios pero sin olvidar apuntar donde reside la insolidaridad: no todos aportamos por igual. Afirmación que con certeza se podría aplicar a más de una marca de las que estos días asocia alegremente su logo con el del Banco de Alimentos. Defender una democracia robusta, una sociedad civil potente, una cultura pública basada en la higiene y en la transparencia, así como una postura crítica con el fraude fiscal son elementos tan importantes como la solidaridad. Y ahí también podemos contribuir todos.

Más información sobre el funcionamiento del Banco de Alimentos en Antena de innovación social: Vías hacia el cambio sistémico. Buckland, H.; Murillo, D. (2013). Editado por ESADE-Instituto de Innovación Social, pp.41-64.

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