Alston contra el mundo

Por David Murillo Bonvehí (@davidmurillob),  profesor asociado del Departamento de Ciencias Sociales de ESADE

Alston es un pueblo aislado de la región de Cúmbria, al norte de Inglaterra. Uno de los más pobres de una región ya suficientemente pobre. Dos mil habitantes son un pálido reflejo de lo que llegó a ser esta población minera que en sus días de esplendor (es una forma de decir) llegó a tener siete mil.

El primer golpe lo recibió con el cierre de las minas de plomo. Luego vino el thatcherismo, y ahora, la crisis. Una crisis agravada por una política de austeridad que en el caso británico, además, es autoimpuesta.

Alston tuvo su momento de gloria mediática el verano pasado, aunque su eco en nuestro país fue escaso. Alston recibió el primer premio de economía social de Gran Bretaña otorgado a un pueblo en su conjunto.

El dato: de los 2.000 habitantes, cerca de 600 trabajan de empresarios o profesionales autónomos. La mayoría de ellos en cooperativas o empresas de economía social. Como no hay puestos de trabajo, nos explican, los tuvimos que crear nosotros.

Parecería el sueño de la Big Society del gobierno de Cameron hecho realidad: “ayúdate a ti mismo porque el Estado ni llega ni llegará”. El mensaje central reproducido por los medios decía más o menos así: “Alston, el pueblo que desafió las multinacionales y la falta de recursos públicos”. Y parecía que es así. Cogemos, pues, las maletas y vamos a visitarlo.

Tom, de setenta y siete años, nos recibe en el andén de la estación de Alston vestido de jefe de estación. Es una estación que un grupo de voluntarios, entre ellos Tom, hizo revivir a inicios de los años 80. El tren circula en festivos y apenas conecta con dos pequeñas estaciones más.

Recuperaron los viejos caminos, compraron raíles, vagones y locomotoras, algunas de las cuales se han paseado por Rumania, Polonia y una incluso ha hecho la guerra del Rif. Aplicando la exigente normativa de los ferrocarriles británicos, lograron el permiso para operar. Esto es Inglaterra, no lo olvidemos.

Son cerca de setenta aficionados de toda la región que dedican una media de dos días al mes a hacer de revisor, de conductor, de jefe de agujas o de estación. Nadie cobra nada por hacer un trabajo que incluye limpiar lavabos y papeleras. Calculan que su actividad aporta veinte mil turistas al año, a Alston.

El hito más comentado, sin embargo, es la de la cooperativa Cyber Moor, y data del año 2000. Como British Telecom no mostraba ningún interés en llevar la banda ancha a la remota población de Alston, los vecinos decidieron reunirse, levantar el capital inicial, cavar zanjas y tirar el cable. De manera insospechada, con el impulso de unos pocos líderes locales, se movieron por el laberinto regulador hasta lograr no sólo llevar la fibra óptica a Alston sino reunir suficientes ayudas europeas para entregar 670 ordenadores a las familias del pueblo. Esto es Inglaterra, no lo olvidemos.

Una línea de autobús servida por voluntarios para acercar los más mayores a la capital comarcal. Un horno de pan donde todos cobran lo mismo -el mínimo profesional- aunque alguno de ellos hornea pan desde las tres de la mañana. Un gimnasio auto gestionado. El caso del vecino que decidió proveerse de un tractor quitanieves y hacer una oferta al Consejo Comarcal que éste no pudo rechazar. Otro que maneja la ambulancia municipal sin cobrar ¿Cómo hay que hacerlo cuando la mayor parte de las tareas municipales no son retribuidas?

Los visitantes pasamos dos días preguntando a la gente qué hay detrás de este entramado de iniciativas tan sorprendentes. Quizás los hippies que llegaron en los años 70. La llama estimulante de personas potentes y con iniciativa. El aislamiento del pueblo…

Parece que el diagnóstico más extendido sería que toca compartir lo poco que hay y hacer de la necesidad virtud. Construir comunidad es lo que los hace fuertes, evita la emigración masiva y los impregna de la mentalidad “podemos – haremos” con ecos de Obama. Todo ello  sin prédica marxista alguna y, sorprendentemente, sin nada de ideología por medio.

Para los de fuera, Alston permite comprender la arbitrariedad de los viejos repartos de papeles entre el sector público y el privado. Lo que cuenta son los servicios prestados y no quién está detrás. Mirar de crear votantes agradecidos y adocenados, desde Alston, parecería el reflejo de una actitud meridional y acomodaticia. Su caso también permite observar que mientras algunos esperan que el pasado vuelva, otros ya han comenzado a mirar hacia adelante.

Defender el estado del bienestar es un objetivo compatible con ganar eficiencia, involucrar a la ciudadanía en la acción pública y con encontrar vías nuevas e imaginativas para prestar servicios de futuro incierto.

En el mismo Alston, en un póster desaliñado, encuentro lo siguiente: “Sabías que cada vez que compras por internet podrías estar generando un ingreso en tu tienda de proximidad”. Añadan aquí las medidas de optimización fiscal de muchas multinacionales y el fraude fiscal descarado y entenderán muchas cosas: porque Alston es lo que es, porque la crisis la terminan pagando las rentas cautivas y, ya puestos, porque España nunca dará a Cataluña nada parecido a un pacto fiscal.

Cabe decir que los pioneros de la elusión de impuestos también fueron ingleses: los hermanos Vestey. Pioneros en el uso de estrategias contables para evitar la doble imposición y que han acabado desembocando en la no imposición. Una muestra: Apple España obtiene pérdidas.

Mientras en 1915 cincuenta mil soldados británicos perdían la vida en la batalla de Loos, los Vestey se establecían en Chicago para evitar pagar impuestos. Se cuenta que en 1993, cuando la reina de Inglaterra fue obligada a pagar impuestos, el último descendiente, ahora Lord Vestey, dijo: Bueno, me parece que ahora ya soy el último que no paga impuestos. Alston es resultado de este presente y parte de nuestro futuro. Y conviene mirarlo de frente.

Original publicado en el Periódico El Punt-Avui el lunes, 11 de noviembre de 2013

Related posts:

Social Entrepreneurship, Social Innovation | , , ,

Deja un comentario

El email no se publicará

*

*

*

You can use these tags and attributes HTMl: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

*