Las lecciones de la solidaridad

Tras el éxito incontestable del Gran Recapte, haríamos bien todos en sacar varias conclusiones. Sirva el presente artículo para esbozar algunas de ellas.

Para el mundo académico

Una de las lecciones más simples que podemos sacar es que las personas somos solidarias y que esta solidaridad se manifiesta en tiempos de crisis. Algún lector se preguntará si esto es un gran descubrimiento. Tristemente tenemos que decir que sí. En la esfera económica seguimos partiendo de la visión de que los individuos somos egoístas, racionales, individualistas y maximizadores de nuestro bienestar privado. En otras palabras, que la solidaridad no existe y solo es un recurso para el propio beneficio. Ciertamente, esta es una coartada metodológica que funciona bastante bien para justificar el mundo autista de las finanzas o los salarios de los altos ejecutivos, pero también tiene un impacto importante en nuestros estudiantes. ¿Creer que los individuos somos egoístas nos hace más egoístas? ¿Pensar que los individuos somos generosos y comprometidos nos hace más solidarios? Los estudios realizados sobre el impacto de los estudios de economía, enfermería o medicina sobre los estudiantes de estas distintas carreras aporta una cierta evidencia en este sentido. A este mecanismo, el filántropo y especulador financiero George Soros lo llama reflexividad. La economía, sobre todo la economía, haría bien en replantearse sus fundamentos más básicos y evaluar el impacto social de sus modelos teóricos.

Para las oenegés

El Banc dels Aliments funciona como una máquina bien engrasada. Es más, funciona como una empresa. Una afirmación, esta última, que aún puede provocar escalofríos en más de un directivo de oenegé. El Banc dels Aliments, aparte de estar bien gestionado, incorpora a la buena gestión empresarial el mejor propósito social. Es, pues, una máquina para maximizar el impacto social. ¿Podemos decir lo mismo de muchas oenegés de las llamadas del tercer sector? Utilizando una sentencia del consultor y amigo Josep Maria Canyelles, muchas oenegés en los últimos años han pasado a convertirse en empresas parapúblicas. Al abrigo de unas administraciones ávidas de subcontratar servicios y crear redes clientelares, muchas entidades del tercer sector han inflado su estructura a cambio de empeñar su propósito social último. Peor, han incorporado rigideces y patrones de conducta de las administraciones públicas olvidando una máxima de la buena gestión empresarial: la autonomía financiera, la independencia del presupuesto público. El Banc dels Aliments tiene, pues, un mérito insuficientemente reconocido: es una entidad autosostenible que se nutre mayoritariamente de ayudas privadas.

Para las administraciones

¿Quieren realmente ayudar a iniciativas como la del Gran Recapte? En un estudio que publicaremos en el Institut d’Innovació Social de ESADE encontrarán la siguiente información: en Inglaterra el banco de los alimentos es una empresa privada con función social. ¿Por qué? Porque las tasas que pagan las empresas de alimentación para hacer uso de los vertederos públicos son suficientemente altas como para incentivar que lleven los productos al banco de los alimentos antes que deshacerse de ellos de cualquier manera. En tiempos como los que corren, ¿podemos menospreciar una tasa que tenga por objeto limitar el despilfarro de comida? La vía para ponerse a trabajar es simple. Señores de la Administración, busquen regulaciones similares, compárenlas, y si encuentran algo mejor que la tasa actual, incorpórenla. Está claro que deberán combatir los intereses y las presiones de algunos para no remover el status quo, pero eso ya les va en el sueldo.

Finalmente, una lección para el propio Banc dels Aliments

La colaboración empresarial con el Gran Recapte sale, en general, muy económica. En algunos casos parecería legítimo preguntarnos si no hay un verdadero intento de fagocitación de los beneficios de la solidaridad por parte de empresas más bien poco solidarias. En definitiva, a algunos de los colaboradores la asociación de marca les sale muy barata. Demasiado. Un ejemplo. Una empresa de transporte con una buena imagen social sale beneficiada de colaborar con el Gran Recapte, pero en cualquier caso mucho menos, pongamos por caso, que una entidad financiera que también colabore. ¿Qué debería, pues, pagar esta entidad para colaborar con el Gran Recapte? En tiempos de obsesión por los indicadores cuantitativos, proponemos lo siguiente: una cantidad proporcional a la diferencia entre la imagen del Banc dels Aliments y la suya. Es decir, mucho más de lo que está pagando ahora.

Por: David Murillo Bonvehí, profesor del Instituto de Innovación Social de ESADE

Artículo publicado en El periódico de Catalunya, el 7 de Diciembre de 2012

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