“La primavera de los accionistas” o activismo accionarial

Si sigue las noticias financieras o empresariales, seguramente habrá oído hablar de lo que se ha venido a llamar la primavera de los accionistas, denominación tomada de la “primavera árabe” de 2010. Esta revolución se refiere a los accionistas que están haciendo oír su voz y hablando claro ante los paquetes salariales aparentemente excesivos y posiblemente inmerecidos de los altos ejecutivos. Sus objetivos más recientes han sido UBM, Pendragon, AOL, Citigroup y Barclays. El informe final de la High Pay Commission señala que la remuneración de los ejecutivos en el FTSE 100 subió en 2010-2011 en torno a un 49%, frente a un aumento medio de sólo el 2,7% de los trabajadores del Reino Unido. En el núcleo de esta rebelión parece hallarse un sentimiento de injusticia y preocupación por una gobernanza más sensata.

Si bien la ‘primavera de los accionistas’ está atrayendo actualmente la atención de los medios, el activismo de los accionistas o su compromiso con las cuestiones medioambientales, sociales y relacionadas con el buen gobierno no es nada nuevo. Como propietarios de las corporaciones, los accionistas han venido ejerciendo sus derechos como protagonistas durante muchos años. Los primeros ejemplos pueden hallarse en los años cuarenta, cuando algunos accionistas cuestionan las prácticas de las empresas que les pertenecen en temas de derechos civiles, apartheid y fabricación de armas químicas. Desde los cambios producidos en la regulación de la SEC en Estados Unidos en los años setenta, las cuestiones sociales pasan a ser un tema ‘adecuado’ de discusión en las reuniones anuales. Según el Eurosif, en 2010 la participación de los accionistas representó 1,5 billones de euros en Europa, mientras que el USSIF la cifró en 1,5 billones de dólares en estados Unidos.

Desde hace casi un siglo, las organizaciones religiosas han venido integrando sus creencias con las prácticas de inversión, como por ejemplo el rechazo de los cuáqueros a invertir en armas y en esclavos en los Estados Unidos y la constitución del Pax World Fund en 1971 por parte de los metodistas, que inicialmente excluía las armas, el alcohol y el juego. En la actualidad, las organizaciones religiosas siguen jugando un papel importante en el compromiso social de los accionistas y cada vez están más organizadas y habituadas a manifestar sus preocupaciones sobre las cuestiones éticas y morales en las empresas en las que invierten. Un estudio de 2010 realizado por el Instituto de Innovación Social de ESADE, en colaboración con la Vlerick Management School y The International Interfaith Investment Group (3iG), señala que el 90% de los inversores religiosos creen que tienen incidencia en el comportamiento de la empresa siendo propietarios activos de sus acciones, mientras que el 50% afirman que en la actualidad se hallan comprometidos. Las organizaciones que les amparan, como el Interfaith Center on Corporate Responsibility (ICCR), radicado en los Estados Unidos, que representa más de 100.000 millones de dólares en acciones, y el Church Investors Group (CIG) en el Reino Unido, que representa 12.000 millones de libras, han ayudado a reunir recursos básicos y esperteza. Estas organizaciones trabajan con las empresas en las que invierten para mejorar sus prácticas corporativas en cuestiones tales como la degradación del medio ambiente, los estándares de trabajo y otras formas de injusticia social.

Nuestra actual investigación ‘Believers in the Boardroom’, en colaboración constante con 3iG y Vlerick, analiza en profundidad las actividades en que participan los accionistas de estas tres organizaciones religiosas. Dichas actividades incluyen la redacción de cartas, la presentación y votación de resoluciones para los accionistas, el diálogo entre bambalinas y la protesta pública. Analizando seis casos de compromiso de éxito o no, la investigación identifica las motivaciones y las creencias de estas organizaciones, sus objetivos y sus expectativas, los factores claves de éxito y los retos que afrontan, al tiempo que ofrece una visión sobre cómo las creencias de fe pueden traducirse en el mundo de la empresa y en una política de inversiones. El informe destaca que, a pesar de la dimensión, existen una serie de aproximaciones al compromiso que permiten que incluso las pequeñas organizaciones puedan hacer sentir su voz en cuestiones de gobernanza social y medioambiental (ESG).

La ‘primavera de los accionistas’ de 2012 y el número creciente de resoluciones presentadas sobre temas sociales y medioambientales son un indicador de que los accionistas están haciendo sentir su voz en estas cuestiones. Ello plantea importantes preguntas sobre el supuesto mero interés personal que la teoría económica tradicional adscribe a los inversores. Las estrategias de quienes abogan por un cambio están evolucionando y ahora incluyen coaliciones de accionistas y stakeholders que cada vez se desenvuelven mejor en el idioma de los negocios. El hecho de compartir conocimientos y colaborar probablemente facilitará el crecimiento y el desarrollo constante del compromiso social de los accionistas. Para las empresas, un mayor reconocimiento del poder y de la influencia de los accionistas en cuestiones de gobernanza social y medioambiental resulta esencial, así como el desarrollo de herramientas, procesos y foros de diálogo con los accionistas para tratar de estos temas.

Por: Jennifer Goodman, investigadora del Instituto de Innovación Social

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