¿RSE o PSE?

Ha aparecido en 2011 un libro realmente provocador sobre RSE. Se titula In Good Company. An Anatomy of Corporate Social Responsibility (Stanford University Press), y su autora es Dinah Rajak, profesora de antropología en la universidad de Sussex, Reino Unido. El libro sistematiza un estudio etnográfico realizado por Rajak sobre Anglo American (AA), una empresa minera de origen sudafricano. La autora ha estudiado a fondo los discursos y prácticas de RSE de AA en base a documentos, entrevistas a directivos, asistencia a eventos y visitas a edificios e instalaciones de la empresa. Ha investigado las políticas de RSE de AA a nivel global (sede central en Londres y foros globales de RSE); a nivel nacional (sede de Johannesburg y actuaciones de incidencia política sobre la sociedad y el gobierno sudafricano post-apartheid); y a nivel local (en la zona minera de Rustenburg: combate contra el SIDA entre los mineros de AA, promoción de la educación, fomento de la creación de empresas…).

Pues bien, lo que caracteriza, según Rajak, a todas estas políticas es que en realidad no son RSE (Responsabilidad Social de la Empresa) sino PSE, es decir, Poder Social de las Empresas. La autora no usa esta segunda expresión (PSE), pero afirma que más allá de los objetivos concretos de cada política, su fin último consiste justamente en reforzar el poder de la empresa. Es decir, en consolidar su papel de “agente central y arquitecto del desarrollo (p.2) o “institución dominante de gobernabilidad” (p.194). Así, la empresa puede controlar y presionar a los diversos actores sociales a fin de competir con las manos libres en el mercado global.

El mecanismo funciona de la siguiente manera:

  1. Ante un determinado problema que afecta a la empresa y a la sociedad, la empresa selecciona a los stakeholders que le interesan para obtener beneficios, y los inviste como “representantes legítimos de la comunidad”. “La comunidad” se convierte así en una construcción al servicio de la empresa.
  2. La empresa se presenta ante esta “comunidad” (poblaciones locales, gobiernos locales, ONGs, gobiernos nacionales, organismos internacionales promotores del desarrollo) como generosa “dadora de regalos” por los que no exige contrapartida. Pero lo que exige implícitamente es el reconocimiento de su papel central en el desarrollo económico y social de la comunidad, del país o del mundo.
  3. Esta posición central le permite externalizar sus responsabilidades por medio de la creación de zonas (geográficas o conceptuales) de inclusión y exclusión de beneficiarios. La zona de inclusión está habitada por los que pueden contribuir a los beneficios (por ejemplo, empleados con SIDA capaces de producir eficientemente); la zona de exclusión está formada por los que no pueden contribuir al beneficio (por ejemplo, empleados demasiado enfermos, a los que se retira la provisión gratuita de medicamentos) o ciudadanos que reclaman derechos confrontando la lógica empresarial (tildados de “grupos violentos”, o “stakeholders ilegítimos”).
  4. Al final, la denigración del Estado por corrupto e ineficiente, la imposición de las condiciones decididas por la empresa para solucionar un problema y el silenciamiento de disidentes que le reclaman derechos, permiten a la empresa manipular su contribución a la sociedad a su libre voluntad… invocando como última razón la eficiencia de mercado. “Damos porque somos generosos y dejamos de dar porque nos aprieta el mercado”.
  5. Lo que queda silenciado/deslegitimado en este proceso son los derechos de los ciudadanos o del Estado sobre la empresa (impuestos, reclamaciones de compensación por daños causados por la empresa…): temas sobre los que la empresa no tenía, en principio, poder.

Palabras como RSE, responsabilidad, generosidad o comunidad se convierten así, “no en las armas de los pobres sino en las armas de los poderosos” (p.18), porque, finalmente, “todo dependerá de la voluntad de la empresa” (p.199). La RSE se ha convertido en PSE.

La crítica de Dinah Rajak es, pues, demoledora. En mi modesta opinión, tiene gran parte de razón; pero a veces le falta la capacidad de poner en cuestión su propia hipótesis interpretativa: que la RSE está dirigida sólo a reforzar el poder de la empresa. En efecto, tal como la misma autora reconoce, la empresa nunca actúa con una lógica única, sino que en su interior se mezclan propósitos diversos con resultados diferentes en términos de poder o auténtica responsabilidad. Además, tal como ella también reconoce, AA puede ejercer un poder impresionante sobre la sociedad sudafricana debido a la debilidad de las ONG nacionales en tiempos del post-apartheid. Existe, pues, espacio para que los dirigentes empresariales y otros actores sociales trabajen exitosamente para promover la auténtica responsabilidad empresarial: para la contribución de la empresa al bienestar de la sociedad.

Y sin embargo, es bueno examinar la hipótesis de Rajak, para descubrir dinámicas de poder que se mezclan en las prácticas empresariales, por muy generosas que parezcan.

Josep F. Mària, profesor titular del Departamento de Ciencias Sociales de ESADE

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Una Resposta a “¿RSE o PSE?”

  1. [...] F. Mària. [Institut d'Innovació Social] Ha aparecido en 2011 un libro realmente provocador sobre RSE. Se titula In Good Company. An [...]

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